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 Literatura Argentina


Hipóstasis

Es una campana.
Nadie puede evitar que toque
Ni tampoco predecir cuándo va a tocar.
Es cierto que se la intuye,
La precede
Un cierto escozor en el alma.
Pero no depende de formas
Ni de seducciones, ni de riquezas, 
Ni de bellezas:
Es una campana.
Uno está parado allí, en medio de la Historia 
Y de pronto suena;
Uno se da vuelta
Y descubre asombrado que
Es el momento:
Ahí está Godot, sonriendo.
m
ento:
Ahí está Godot, sonriendo.onriendo.

Julio Carreras (h)

Poesías

Tropos
   La espesura, el bosque, el silencio,
este sonido tan
casto de las guitarras, girándose, estirando sus colores,
y los violines que atraviesan tomados de las manos
por las copas de los árboles...
Las flores han dejado de llorar,
y basta que las hayas mirado tú,
tantas nictagináceas de azules afucsiados que
han dejado de llorar y quejarse con un solo sonido 
de tus ojos!
El coro.
El coro, todos desnudos y sin sonrojarse.
Levantando      los pies para que se vean bien
los adornos de sus plantas; ha llegado el
                director: lo aplaude el público.
Nadie piensa en demostrar que conoce el
significado de la obra o ni siquiera al director,
sino sólo en escuchar.
Nadie habla.
Todos escuchan.
Ha comenzado la música.
Los violines voladores, los
timbales y las flautas... y los címbalos y
las celestas... y las flautas dulces y los
contrafagotes...
En el proscenio, los hombres y las mujeres
bailan, abrazados.

 

Estando
Monte amarillo
con pájaros veloces,
gajos oscuros
de viejos tallos,
entramado de sombra.
Bueno es estar
en medio de los árboles
nomás mirando,
nomás sintiendo,
el vals de los momentos.
Estar callando.
El respirar se embarca
en hondos viajes,
la piel asume
un contorno eternal.
 
Tanka
Ella aguardaba
a la orilla del río,
meciendo el agua
apenas con sus pies.
Amanecía.
Rocé su espalda
que el solero celeste
nuda dejaba,
muy suave con los labios
y se volvió.
Una rosada
luz reflejó en su pelo.
En la lejana
estancia cantó el gallo.
Y brilló el sol.
 
 

 

 
La danza del invierno en la ciudad de los 
campanarios derruídos
¿Y después?
El show,
el show,
los esqueletos pintados danzando furiosos al son de la 
música,
feroces, sangrientos esqueletos,
cubiertos con girones de velos transparentes
brillando cubiertos con gotas de llanto
bajo luces violáceas
cubiertos ¡oh, cubiertos!
de lodo
de excrementos,
los anillos
de los muertos!
Mirada que musita,
sonidos que muerden las carnes,
aullidos de auxilio y de dolor!
Muertos, no hay nada más que muertos!...
Y un idiota me está hablando en inglés.
 
Viudas negras
En la pared fría gesticulan alas
de imposible bastimento.
Es que, de algún lugar del evo
un vestigio de tu vibrar ha llegado.
Aquella ondulación que irradiaba tu alma
cuando estabas,
originada o sin origen, quién sabe en qué
o en cuáles movimientos incomprensibles.
Las formas obedecían
al código
que no permite a los sucesos
desteñirse en colores innecesarios
-acción en que también vivía
aquél, que yo era.
Entonces las mariposas que hoy golpean
-presagios negros- con sus sombras las paredes
residuos son de esos matices
que en lo tangible ahora están también
como el histórico grafito, inermes. 
 
2001
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